Gráfica de un país
2015, Granada
Personal, Ilustración
Hace algún tiempo, el artista Eugenio Cano le explicaba a una amiga común por qué reproducía cierto símbolo incluido en el sistema de identificación impulsado por Naciones Unidas para rotular los vehículos que transportan mercancías peligrosas. Concretamente, dentro de la clase 4 (sólidos inflamables), Eugenio se apropió del que se usa para indicar sustancias que emanan gases inflamables al contacto del agua: el icono blanco de una llama sobre un fondo azul. El mundo, decía, se ha vuelto tan frío que hasta el fuego se ha helado. Aquello me impresionó. No solo por la vitalidad y la pertinencia que, todavía, atesoraba el ready made, uno de los gestos más fructíferos del siglo, sino sobre todo por dar una nueva prueba de la sensibilidad del arte para detectar, como si fuera un sismógrafo, los más leves temblores del cuerpo social: aún no habían comenzado los noventa, y la verdad es que el personal se las prometía muy felices.
Me ha venido a la cabeza al ver los dibujos de Ramón Soler. Yo diría que comparten la misma necesidad de comunicar la frialdad del mundo. De ahí la extrema desnudez de las escenas, el despojamiento máximo, la gama gélida de la paleta digital, la ausencia de toda huella o pálpito, no ya de calor, sino siquiera de tibieza, la limpieza exagerada, cristalina, cortante, la más dura de las desolaciones. Quizá el logo, o la marca, del vaso de leche y agua (y/o lágrima), sea el signo que mejor condensa el universo frío que nos muestra Ramón. El frío mundo donde no queda ya llama ninguna, el universo helado que, lamentablemente, habitan tantos conciudadanos. Ramón lo sabe bien. Y por eso, porque conoce ese mundo, no le basta con tratar de hacerlo más templado para que los que lo padecen dejen de tiritar, sino que necesita expresarlo y difundirlo para tratar de paliarlo, y para que nos avergoncemos de su existencia. Hace bien, entonces, en depurar su grafismo ya de por sí depurado, en evitar todo lo que puede el sentimentalismo para presentar las imágenes más limpias y sintéticas, en valerse, en fin, de la probada eficacia comunicativa de la línea clara. Porque de eso se trata: de mostrar las cosas claras. La espesura de la culpa, para otros. A lo que quieren invitar estos dibujos es a la acción.
Francisco Baena. Director del Centro José Guerrero de Granada.